¿MAMA SOMOS POBRES?

Es una pregunta que parece estar en boca de los niños al ver ciertos cambios en la actividad económica en casa, y al escuchar con sus pequeñas antenas parabólicas (sus orejas) los constantes comentarios sobre la crisis.

Respondamos brevemente a dos preguntas:

1. ¿Qué peligros puede desencadenar el hablar con nuestros hijos de la situación económica de la familia de forma superficial y rápida? El desarrollo de problemas ansiosos. En la mente de los niños ante la nueva información se desarrollan preguntas en forma de preocupaciones ¿qué pasa si no tenemos dinero para comer? o ¿pagaremos el alquiler o dónde dormiremos? Encima de ellas los niños se responden sin el conocimiento suficiente, llegando a conclusiones tan dramáticas como: si no estudio y saco buenas notas nos moriremos de hambre (parafraseo de un niño de 10 años en consulta), será mi culpa si sufrimos.
El verdadero problema de no pensar y planificar un pequeño esquema de lo que vamos a contar a nuestros hijos y dejar a la pura espontaneidad lo que digamos es que podemos dejarnos información, no ser suficientemente específicos sobre lo que pasa, ser alarmistas o convertir la charla en una recriminación del mundo, de casa, de la situación y de la vida mostrando una visión de impotencia ante el futuro que sólo desencadenará más ansiedad.

2. ¿Qué peligros pueden desencadenar el esconder a nuestros hijos los problemas de casa? Desarrollar el “síndrome del niño vitrina”:
Desarrollará la tendencia a abrumarse ante situaciones difíciles sin haber aprendido un método de afrontamiento.
Dará poco valor al coste en esfuerzo de lo material y esto traerá como consecuencia una muy mala gestión de su vida económica futura.
Desarrollará la tendencia a pensar que lo difícil es malo y lo fácil es bueno generando poca tolerancia al fracaso, a la persistencia y al esfuerzo.
Tendrá pocas estrategias para compensar la presión del consumo (publicidad, amigos, etc.), hecho que lo llevará no tan sólo a valorar poco lo material sino a anclar parte de su felicidad en aquello material, es decir, en el refuerzo inmediato.

Seguramente muchos de vosotros ahora os preguntareis ¿pero entonces hablamos con ellos o no del tema?

Sí, es necesario y sano pero teniendo en cuenta 4 principios básicos:

  • Ser específicos en explicar la situación y los cambios que se darán o los que se han dado en el día a día.
  • Expresar como nos sentimos y preguntar cómo se sienten ellos al conocer la situación, eso nos ayudará a reconocer miedos irreales en ellos como “cuando necesite una libret5a para el cole no podremos comprarla y entonces como voy a hacer los deberes”, y desconectar esos miedos.
  • Exponer un listado de ideas y soluciones a la medida de cada miembro de la familia que se consolide en forma de tareas específicas.
  • Darnos las gracias mutuamente al realizar esas tareas los unos a los otros y hablar periódicamente de las mejorías.

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