La tomatera que cambió de escalón

Si te cortaron hasta apenas dejarte un pequeño tallo, quizá se trate de un cambio de escalón

Ayer, mientras tomaba un café me sorprendió encontrarme con una vieja amiga que conocí este verano. Me sorprendió la primera vez que  la vi, pero ahora, 4 meses después seguía ahí, luciendo esplendorosa y desafiante.

Se trata de una tomatera que había crecido en el borde lateral de un escalón a mitad de una escalera embaldosada.

Le pregunté al camarero cómo habían conseguido que creciera en un lugar tan inusual para una planta de huerta. La respuesta fue sorprendente. “La verdad es que nunca hemos sabido cómo salió aquí, en la escalera. El caso es que la hemos cortado varias veces pero vuelve a salir y siempre sale un escalón más arriba”. Por la forma en que lo dijo me pareció que al fin iban a claudicar ante la tenacidad de la hortaliza, como si se hubiera ganado el derecho a estar ahí por inapropiado que el lugar pudiera parecer.

En mi cabeza quedaron los ecos de unas palabras: “…vuele a salir un escalón más arriba…”

Mientras la observaba pensé que nuestra vida, a veces, se parece a esta tomatera. Quizá cuando algo nos corta hasta casi hacernos desaparecer tiene el propósito de que surjamos de nuevo un escalón más arriba, con nuevas fuerzas, con nuevos frutos, como los que cuelgan insolentes de sus ramas desafiando tijeras y tenazas.

Nuestras raíces también crecen en lo invisible y han recibido el poder de alimentarnos recordándonos la vida, nuestra vida. Lo hacen desde un lugar al que nadie tiene acceso salvo tú y aquellos con quienes has decidido compartir tu intimidad.

Si te cortaron hasta apenas dejarte un pequeño tallo, quizá se trate de un cambio de escalón. Solo uno más arriba. No pierdas tus energías buscado culpables, no lo merecen.

Un brazo a todos. Nos vemos en el siguiente escalón.

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