El árbol silvestre que no quiso la poda

 Si este año perdiste algunas de tus ramas más frondosas…

Al inicio del invierno un árbol silvestre se jactaba ante un árbol que había sido podado y le decía orgulloso: “mira, no he permitido que me corten ni una sola de mis ramas y cruzaré el invierno sin que nadie me corte nada” pero tu, ¡mírate! ¿cómo has permitido que te hicieran eso? Ya no eres el que eras… tu aspecto es penoso y triste”

Eso era bien cierto, el árbol podado, con todas sus ramas cortadas, parecía desnudo y lleno de muñones. Nada reflejaba la gloria de su antigua copa frondosa y extensa. Las heridas de las ramas ya se habían sanado, pero la poda había dejado sus huellas.

El árbol podado respondió al árbol presumido: “Si, tienes  razón, pero mis ramas no se quebrarán con el peso de la nieve este invierno y sé que voy a tener una primavera de ramas nuevas, además siempre conservaré el buen recuerdo de las antiguas. En cambio, tú tendrás que soportar el peso de la nieve acumulada en tus ramas viejas y  en primavera tan solo vivirás de las hojas que salgan en ellas. No podrás construir una copa nueva porque las viejas ocuparán todas tus energías.  La poda me ha hecho más fuerte y aligeró mi equipaje para cruzar el invierno, amigo. ¿Sabes una cosa? Nos veremos las caras a la hora de los frutos”.

Si este fue para ti un año de poda en el que perdiste algunas de tus ramas más frondosas y te miras en el espejo convencido que ya nada volverá a ser como antes, recuerda que la poda aligeró tu equipaje de invierno y te hizo más fuerte.

Es una nueva oportunidad para reinventar nuestra copa, extender nuestras ramas en direcciones nuevas y explotar con nuevos frutos. Solo disfruta de un invierno ligero de peso y espera a la próxima primavera.  El árbol asilvestrado cree ser libre, pero en realidad es esclavo de sus viejas ramas.

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